La política como teatro: La necesidad de escuchar

Un micrófono de estilo vintage y plateado, de cerca, en el centro de un escenario de madera. Dos potentes focos de luz dorada lo iluminan desde arriba, mientras que la audiencia borrosa se sienta en filas de asientos oscuros al fondo, bajo una luz tenue. El fondo está formado por cortinas rojas y oscuras que cuelgan.

La política de hoy se parece cada vez más a una función de teatro.
Un escenario, muchas luces, frases bien ensayadas… y un público que cada vez aplaude menos.
Porque ya nos sabemos el guion.

Todo el mundo dice algo y cuanto más rotundo, mejor. Pero, ¿alguien está escuchando?

Una ilustración estilo cómic que muestra a un político en un podio con burbujas de diálogo vacías, mientras la gente con expresiones de decepción mira con desinterés. Unas personas sostienen una pancarta con las palabras "ESCUCHADNOS DE UNA VEZ", "BASTA", "ACCIÓN YA".

Promesas que se repiten en cada campaña

Cada vez que se acercan elecciones, reaparece el mismo repertorio:

  • “Vamos a transformar.”
  • “Vamos a estar cerca de la gente.”
  • “Nadie se quedará atrás.”

Brindis al sol. Palabras huecas.
Frases que suenan bien pero que, en la práctica, no arreglan ni el ascensor de tu bloque.

Problemas reales que siguen esperando

Mientras tanto, la gente de a pie sigue con los problemas de siempre:

  • Contratos que no duran.
  • Alquileres que se disparan.
  • Listas de espera eternas.

Y cuando alguien alza la voz desde abajo, ni caso.
Porque en realidad ya no se gobierna escuchando, sino vendiendo titulares.

El diálogo que no llega

Se habla mucho de consensos, pero se decide entre pocos.
Se llenan la boca con la palabra diálogo, pero si pueden, aprueban todo por la puerta de atrás.
Y eso genera un ruido que lo tapa todo, menos lo importante.

Escuchar es más que una foto en redes

Gobernar no debería ser solo hablar bonito o tener presencia en redes.
Debería ser poner el oído donde suena la vida real.
Y para eso hay que salir del despacho, escuchar sin rodeos, preguntar sin miedo.
Admitir que a veces se está lejos… y querer acercarse.

Conclusión: ¿Seguiremos siendo público o seremos parte del guion?

¿Y si en lugar de lanzar grandes promesas, se empezara por entender qué nos preocupa de verdad?
¿Y si antes de construir macroproyectos, observamos el día a día de quienes no llegan a fin de mes?

Hablar está bien, claro.
Pero hablar sin escuchar es hablar solo.
Y de eso, la gente ya está más que cansada.

¿Tú qué opinas?
¿Crees que los políticos escuchan de verdad a la ciudadanía?
¿Has sentido que las decisiones que se toman te representan?
Déjame tu comentario: ¿seguimos aplaudiendo o empezamos a exigir un nuevo guion?

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