La salud mental ha pasado de ser un asunto tabú a transformarse en una emergencia sanitaria y social fundamental. Hemos presenciado un aumento exponencial de los trastornos mentales en las últimas décadas. Este aumento es particularmente notable después de la pandemia del COVID-19. Se observa sobre todo entre los más jóvenes. Los datos son claros y revelan un escenario de vulnerabilidad emocional que requiere una reacción inmediata y coordinada. Indagemos en las causas. Escuchamos a los expertos. Sobre todo, iniciamos el debate. Discutimos qué podemos hacer desde la trinchera social para detener esta «pandemia silenciosa«.
📈 Cifras que Duelen: La Gravedad del Momento
Según los reportes de entidades. Son tanto nacionales como internacionales. Uno de cada siete adolescentes entre 10 y 19 años sufre un trastorno mental. Esto es mencionado tanto por entidades nacionales como internacionales. Estas entidades incluyen a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los ministerios de Salud. Esto ocurre a escala mundial. Informes de entidades nacionales e internacionales revelan esto. Desafortunadamente, esto no siempre se traduce en el diagnóstico o tratamiento apropiado. En España, las tasas de trastornos de ansiedad y depresión en la población menor de 25 años han aumentado exponencialmente.
Las hospitalizaciones de adolescentes por problemas psiquiátricos han aumentado de manera sostenida. Las admisiones por conductas suicidas se han cuadruplicado en la última década. La manera de manifestarse el malestar también ha cambiado. Antes se notaba un bajo rendimiento académico o irritabilidad. Los expertos ahora han detectado un alarmante incremento de las autolesiones como mecanismo de escape.

🔬 Un Ecosistema de Vulnerabilidad: ¿Por Qué los Jóvenes?
El aumento de la depresión, la ansiedad y otros trastornos emocionales en los jóvenes tiene múltiples causas. Se trata de un complejo entramado de factores que están interconectados. Los especialistas mencionan una «tormenta perfecta«. Se fusiona la vulnerabilidad inherente a la fase de vida con las presiones externas. Estas presiones son tanto económicas como sociales.
📱 1. El Factor Hiperconectado: Redes Sociales y Distorsión de la Realidad
Una de las principales causas de inquietud es el empleo masivo de redes sociales y dispositivos móviles. La comparación incesante con vidas filtradas e idealizadas provoca una gran discordancia. Esta discordancia aparece entre la imagen que el adolescente muestra en línea y su ser verdadero.
La Dra. Elisa Seijo es psiquiatra infantil y de la adolescencia. Ella trabaja en la hospitalización psiquiátrica infanto-juvenil en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Ella destaca este aspecto: «El adolescente experimenta una contradicción. Por un lado, está la manera en que se presenta en las redes. Por otro, está su verdadero ser.» Con la imagen idealizada que ven y no pueden alcanzar, es con lo que estamos luchando constantemente. Esta brecha, combinada con la exposición al acoso cibernético, actúa como un fuerte catalizador de malestar.
🌍 2. La Incertidumbre Crónica: Presiones Socioeconómicas
Los jóvenes de hoy enfrentan un panorama complicado. Aumentan las desigualdades y hay inestabilidad económica. También existe precariedad en términos laborales. Esta falta de oportunidades y de cohesión social provoca aislamiento. También genera desesperación, sobre todo entre aquellos que pertenecen a clases sociales menos favorecidas. Sentirse presionado por la competencia, la presión académica y la incertidumbre acerca del futuro contribuyen a un estrés psicosocial considerable.
🦠 3. El Catalizador de la Pandemia
La Dra. Seijo afirma que, aunque el problema se venía gestando, la pandemia de COVID-19 funcionó como un «catalizador potente». La situación de salud mental empeoró debido al confinamiento, la ruptura de rutinas, el aislamiento social forzado y el miedo. Esto hizo evidente las deficiencias del sistema de apoyo. Se disminuyó considerablemente el contacto entre personas y se interrumpieron las redes de apoyo,
🧠 4. La Vulnerabilidad Biológica y de Desarrollo
La adolescencia es, por naturaleza, un periodo de profundas transformaciones a nivel emocional. También implica cambios neurobiológicos. Esto ubica a los jóvenes en una situación más vulnerable. Es cuando la mitad de los trastornos mentales empieza a hacerse evidente. La doctora Seijo insiste: «No hay una sola causa que explique el aumento de casos de depresión. Por eso, debemos hablar de varios factores interconectados.» La propia etapa infanto-juvenil es un factor crucial, ya que se caracteriza por cambios significativos a nivel neurobiológico».

🗣️ La Voz de los Expertos: Entender las Manifestaciones
Los expertos alertan que el malestar emocional en los jóvenes se expresa de manera diferente que en los adultos. La tristeza no siempre es obvia. A menudo, se oculta detrás de la irritabilidad. También puede esconderse detrás de los trastornos alimentarios o del sueño, el aislamiento y la anhedonia (ausencia de motivación).
El Profesor Arango, experto en salud mental, describe la transformación en los comportamientos. Anteriormente, los adolescentes eran irritables o tenían un rendimiento académico más bajo. Hoy en día, «se autolesionan para sustituir ese dolor emocional por el físico, ya que es más soportable». Esta modificación en el síntoma es una señal de alerta angustiosa acerca del grado de dolor interno que están sintiendo.
El estigma es otro elemento fundamental, ya que continúa funcionando como un obstáculo para la búsqueda de ayuda. La Dra. Seijo indica que la salud mental «continúa siendo vista como un tabú». Está vinculada con la vergüenza, el temor al juicio social o la culpa. Es esencial para la prevención y eliminación del estigma. Ahora se puede hablar de ello con mayor naturalidad. Esto es afortunado.
🤝 ¿Qué Hacemos Desde Fuera?
La crisis de salud mental de los jóvenes refleja las tensiones presentes en nuestra sociedad. La información y el análisis de los expertos nos exigen pasar de la preocupación a una acción coordinada. La reacción no puede depender solamente del sistema de salud y debe ser inmediata y multifocal.
Estamos en un momento decisivo. La responsabilidad no es únicamente del individuo o su familia. Es también de toda la estructura social: las instituciones, los medios informativos, los centros educativos y la comunidad en general.
Iniciemos la discusión:
¿De qué manera podemos transformarnos en elementos de protección? Podríamos hacerlo en nuestra calidad de padres, educadores, amigos o ciudadanos. ¿Cómo podemos evitar ser fuentes de estrés? ¿Cómo podemos desmontar el estigma que todavía envuelve la búsqueda de ayuda profesional?
Las investigaciones muestran que el apoyo social y la cohesión son fundamentales. Aquellos que están más satisfechos tienen redes de apoyo más fuertes. También tienen menos problemas emocionales.
¿Estamos fomentando contextos en los que los jóvenes se sientan escuchados? ¿Se sienten seguros y con oportunidades de futuro? O, ¿estamos generando una sociedad que los agobia hasta el extremo?
La charla no puede finalizar aquí. Necesitamos implementar métodos preventivos en las instituciones educativas. Se requiere una entrada accesible a los profesionales. Es esencial un cambio cultural que valore más el bienestar emocional que la perfección digital y la productividad.
La salud mental de la juventud es la salud del porvenir. Es el momento de actuar.


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