Si usted es de los que todavía cree que para gobernar un país hace falta ganar votaciones en el Parlamento, presentar unas cuentas claras o someterse a la justicia como cualquier hijo de vecino, lamento decirle que vive en el siglo pasado. Bienvenido al 2026, el año en el que la separación de poderes ha pasado de ser un pilar ilustrado a un estorbo decorativo en el despacho de Presidencia.
Hoy, el arte de la política no consiste en convencer, sino en resistir; no en legislar, sino en «decretar». El Ejecutivo actual ha perfeccionado un equilibrismo institucional que permite perpetuarse en el poder sin la «molestia» de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado o de dar explicaciones ante una Cámara que, sobre el papel, representa la soberanía nacional. Pero no nos engañemos: esto no es una serie de estreno, es un remake que ya hemos visto antes.
1. Presupuestos: La técnica de la «Taxidermia Política»
¿Para qué sentarse a negociar partidas presupuestarias o sufrir el desgaste de las enmiendas si puedes vivir eternamente de rentas? Gobernar sin presupuestos se ha convertido en la nueva normalidad. Es el equivalente fiscal a comerse las sobras de la cena del domingo durante toda la semana: al principio pasan, pero al cuarto día el país empieza a oler a rancio.
La ausencia de nuevas cuentas públicas no es solo síntoma de debilidad parlamentaria; es una estrategia de supervivencia. Al prorrogar los presupuestos, el Ejecutivo evita el control real sobre sus prioridades. Se limita a «gestionar la inercia», bloqueando inversiones necesarias y condenando a sectores estratégicos a la parálisis, todo con tal de no someterse a una votación que podría perder. En una democracia sana, no presentar las cuentas es reconocer el fin del trayecto; en nuestra «democracia creativa», es solo otro martes en el que el coche oficial sigue teniendo gasolina.

2. El Real Decreto-ley: Legislación «Fast-Food»
Pasemos a la herramienta favorita de cualquier aspirante a monarca absoluto en traje de pana: el Real Decreto-ley. Originalmente concebido para situaciones de «extraordinaria y urgente necesidad» (catástrofes naturales o crisis financieras súbitas), hoy se utiliza para todo, desde reformar la ley de caza hasta decidir el color de las farolas.
Gobernar a golpe de decreto es, básicamente, convertir el Congreso de los Diputados en una notaría de guardia. Los ministros redactan, el BOE publica y el Parlamento, si acaso, convalida semanas después bajo el chantaje emocional del «o votas esto o se acaba el mundo». Se hurta el debate, se eliminan las enmiendas y se ignora a la oposición. Es una forma de legislar autoritaria que ya ni se molestan en ocultar, donde el Legislativo queda reducido a un mero figurante.

3. Aforamientos e Indultos: El Kit del «Intocable»
Mientras el ciudadano medio se enfrenta a la maquinaria judicial con el miedo de quien entra en un laberinto, nuestra clase política prefiere viajar en primera clase judicial. El aforamiento es ese escudo mágico que garantiza que, si un político comete una pifia, no lo juzgue el juez de instrucción de su barrio, sino un tribunal superior, a menudo más sensible a los equilibrios de poder.
Pero supongamos que, por un error en la Matrix, un político o un aliado acaba condenado. No hay problema. Para eso está el indulto, la reliquia de la gracia real que el Gobierno usa hoy como si fuera un cupón de descuento.
Recurrir a la medida de gracia de forma sistemática para salvar a los «amigos» del partido o a los socios de investidura es, de facto, borrar la sentencia con un borrador de colegio. Es decirle al Poder Judicial: «Tú condena, que yo ya si eso lo arreglo en el Consejo de Ministros». Esta práctica genera una sensación de impunidad que erosiona la confianza en el sistema. Si la ley es opcional para los amigos del poder, ¿por qué debería el resto cumplirla?

4. Un Mal Hereditario: No es solo el «Hoy», es el «Siempre»
Sería injusto —y poco riguroso— decir que este Gobierno ha inventado la pólvora. Lo que vemos hoy es la culminación de décadas de vicios adquiridos. El bipartidismo y sus sucesores han usado y abusado de estas herramientas según les convenía:
- Felipe González ya indultó al general Armada (golpista del 23-F) y a responsables del terrorismo de Estado.
- José María Aznar batió récords de indultos a condenados por corrupción y utilizó el decreto-ley como si fuera papel de notas.
- Mariano Rajoy gobernó con presupuestos prorrogados y usó su mayoría absoluta para rodillar al Parlamento.
La diferencia es que ahora la técnica se ha sofisticado. Ya no se trata de abusos puntuales, sino de un modelo de gestión donde el control parlamentario se percibe como una agresión externa. El problema es sistémico: gane quien gane, el inquilino de la Moncloa tiende a pensar que el Estado es su cortijo personal.
5. ¿Qué soluciones necesitamos para el futuro?
Si queremos dejar de ser una democracia de cartón-piedra, las soluciones deben aplicarse gane quien gane mañana. Algunas propuestas que cualquier ciudadano con dos dedos de frente firmaría son:
- Limitación drástica del Decreto-ley: Solo para emergencias reales, con sanciones si se abusa de esta figura para temas ordinarios.
- Eliminación de Aforamientos: Igualdad real ante la ley. Si un político roba o prevarica, que vaya al mismo juzgado que usted.
- Prohibición de Indultos por Corrupción o Sedición: El Gobierno no debería poder perdonar a quienes usan el poder para saltarse la ley.
- Mecanismos de Cese Automático: Si un Gobierno es incapaz de aprobar unos presupuestos en dos años, debería estar obligado a convocar elecciones. La parálisis no puede ser una opción de gobierno.
Queremos saber tu opinión: ¿Democracia o Atajo?
Llegados a este punto, la pelota está en tu tejado. Los datos están ahí: récords de decretos, presupuestos fantasma e indultos a medida. Pero, ¿qué piensas tú?
- ¿Crees que este comportamiento es una «necesidad política» para mantener la estabilidad o es una degradación democrática sin retorno?
- ¿Te parece que las soluciones propuestas son realistas o que los políticos jamás soltarán sus privilegios?
- ¿Sientes que este gobierno es especialmente audaz en sus «atajos» o crees que solo está haciendo lo mismo que hacían los anteriores pero con menos vergüenza?
Deja tu comentario abajo. El debate sobre si queremos ciudadanos o súbditos empieza por no callarse ante el abuso de poder.


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