En los despachos de Bruselas y en los titulares nacionales, el relato es unánime y triunfalista. España es la estrella económica de Europa. Es un cohete impulsado por un milagro que nos posibilita crecer más que países como Alemania, Francia e Italia. Se nos presenta como el motor principal de la Unión Europea. Los pronósticos sitúan el crecimiento del PIB alrededor del 2,9% para este año. Algunos incluso han elevado estos números en revisiones. El argumento oficial se fundamenta en el fuerte crecimiento de la demanda interna. Tenemos un consumo privado próspero. El ahorro de los hogares y una inversión finalmente parecen estar despertando. Se espera un leve enfriamiento para el año venidero. Se anticipa una expansión del 2%. Esto se debe a que las políticas arancelarias han hecho que nuestras exportaciones se desaceleren. También influye la debilidad de nuestros aliados europeos.
La imagen es sin duda halagadora, casi épica. Sin embargo, al pasar la página del álbum, encontramos una serie de datos persistentemente incómodos. Estos datos nos llevan a cuestionarnos: ¿es este crecimiento real? ¿Es sólido y sostenible?

La letra pequeña de «Milagro»: Deuda y paradoja
Es aquí donde la preocupación se instala y la narrativa oficial empieza a chirriar. No parece razonable que una economía supuestamente tan próspera continúe arrastrando los siguientes desequilibrios estructurales:
- Tasa de Paro Crónica: Seguimos duplicando la tasa de paro de la eurozona. Este es un lastre social y económico. Ningún «milagro» parece capaz de erradicarlo.
- Productividad a paso de tortuga: La productividad española avanza al ritmo de una «tortuga con ciática«. Es un indicador clave para el crecimiento a largo plazo. También mejora el nivel de vida. Un PIB que crece sin un aumento equivalente de la productividad es un crecimiento inflado o insostenible.
- Récord Fiscal y Deuda Salvaje: Batimos cifras históricas en la recaudación fiscal. Esto es un indicio de alta presión impositiva sobre una base productiva. En teoría, esta base debería ser capaz de generar esa riqueza por sí misma. Y, lo más inquietante, este crecimiento convive con unas cifras de endeudamiento salvajes que nos obligan a pagar unos 42.000 millones de euros solo en intereses de la deuda pública.
En cualquier situación económica normal, este grado de deuda sería motivo de alarma, no de festejo. Y esta contradicción nos lleva a indagar en la letra pequeña de este asombroso «milagro».
El Dopaje Institucional con Sello de Bruselas
Numerosos analistas están de acuerdo. La realidad es mucho menos épica de lo que nos cuentan. El principal impulsor tras esta fachada de prosperidad es el dopaje institucional con sello de Bruselas.
La enorme cantidad de dinero está inundando nuestra economía. Esto ocurre especialmente por medio de los Fondos Next Generation EU. Actúa como una inyección de capital sin precedentes. Esto mantiene artificialmente un Producto Interior Bruto (PIB). Sin ese apoyo financiero, se evidenciaría la incapacidad estructural de España para producir un crecimiento sólido y autónomo.
Según la opinión de algunos expertos e investigaciones, una porción importante del reciente aumento del PIB es estrictamente fiscal. Algunas fuentes aseguran que sin la inyección de estos fondos el crecimiento real habría sido mucho menor. Esto se debe al gasto público que se financia con estos recursos europeos. También ocurre por la expansión descontrolada de la deuda.
Por lo tanto, estamos experimentando una prosperidad prestada y temporal.
La Pregunta Crucial: ¿Qué Pasará Cuando se Cierre el Grifo?
La principal preocupación, la que debería centrar nuestro debate público, no es cuánto estamos creciendo hoy. La verdadera cuestión es qué ocurrirá cuando se cierre el grifo de los fondos europeos. El Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) tiene un plazo: la realización de las inversiones debe finalizarse en 2026. Desde entonces, no se inyectará más dinero a fondo perdido.

Los que actualmente se divierten en la fiesta sin mirar la cuenta, corren el peligro de un despertar abrupto. Cuando se apaguen las luces del Next Generation, nos daremos cuenta. Muchos de nuestros indicadores macroeconómicos no brillaban por su propio mérito. Brillaban debido a la iluminación externa de los fondos comunitarios.
- El Retiro de la Muleta: La economía española se enfrentará a la necesidad de mantener el ritmo de crecimiento. Este crecimiento deberá lograrse sin el apoyo masivo de la inversión y el gasto financiado por Europa.
- El Peso de la Deuda: La deuda pública ha crecido. Ha financiado gran parte de la respuesta a las crisis. Ha cubierto una porción significativa de las medidas tomadas. Este crecimiento se hará más pesado. Esto ocurrirá especialmente si los tipos de interés se mantienen altos. La necesidad de cumplir con las reglas fiscales europeas y reducir el déficit se volverá ineludible.
- La Tarea Pendiente de las Reformas: Es crucial que los fondos se utilicen para generar una adicionalidad real y duradera. Si no se logra, la economía simplemente volverá a su estado estructural anterior. Es decir, es crucial financiar reformas e inversiones que aumenten permanentemente la productividad y la competitividad. Ejemplos incluyen la digitalización efectiva o la eficiencia energética. De lo contrario, se mantendrá el bajo crecimiento potencial y el alto paro.
Nos vanagloriábamos de nuestra fortaleza fiscal cuando, en realidad, nos estábamos enriqueciendo con fondos ajenos. Si no consideramos seriamente este panorama, podríamos enfrentar una desaceleración más profunda de lo previsto. Esto revelaría las debilidades que los fondos de Bruselas han logrado esconder temporalmente.
Un Llamamiento al Realismo y la Reforma
Se necesita menos propaganda y más realismo en términos económicos. La implementación de los fondos es esencial. También es crucial que estos se conviertan en reformas estructurales profundas que aborden desde sus raíces nuestros problemas crónicos. Entre estos problemas están el alto desempleo estructural, la baja productividad y la dependencia excesiva del sector exterior menos productivo.

El debate que debemos iniciar no es sobre la cifra de crecimiento de este año. Se trata sobre nuestro futuro productivo a partir de 2027. ¿Hemos utilizado esta oportunidad de oro, estos miles de millones de euros, para transformar realmente nuestro modelo económico? ¿O simplemente para financiar gasto y consumo temporal?
El viento ha soplado a favor. Sin embargo, la economía debe estar lista para el momento en que el viento deje de soplar. Esto solo se logra con una estructura de barco sólida. Es hora de dejar la celebración momentánea y de preocuparnos de verdad por la resiliencia de nuestra economía. El futuro de España se decide en los próximos años. Depende de nuestra capacidad de generar riqueza propia cuando Bruselas cierre el grifo. ¿Estamos preparados para ese momento? El tiempo se agota.
¿Cuáles son las reformas estructurales más urgentes para España? La economía del país necesita crecer de manera sólida. Esto debe lograrse sin depender de los fondos europeos.













