El Peligro de Encogerse de Hombros: Por Qué En España El Ciudadano Se Queja en el Bar, Pero Normaliza la Dejadez Política
En España, existe un ritual social casi sagrado: la queja. En el café de la mañana, las personas expresan con vehemencia su frustración por la política. En la mesa del almuerzo o a la salida del trabajo, también ocurre. Sin embargo, ese torrente de indignación a nivel individual contrasta de forma hiriente con la inacción y la resignación colectiva.
Estamos presenciando un fenómeno peligroso. Lo anómalo se normaliza. Los ejecutivos (nacionales, autonómicos y locales) toman decisiones o evitan obligaciones. En cualquier otra democracia consolidada, estas acciones generarían una crisis institucional profunda.
La sensación es que los responsables políticos se centran en estrategias de supervivencia. Además, se enfocan en sus propios intereses. Mientras tanto, la sociedad civil ha entrado en una especie de letargo de baja intensidad. El resultado es un lento, pero constante, deterioro de los estándares de exigencia democrática.

El Olvido de la Norma: La Banalización del Incumplimiento Legal
El termómetro más claro de esta normalización es la ligereza. Esto ocurre cuando se pasa por alto el incumplimiento de las leyes que sustentan la administración. Cuando las obligaciones básicas se consideran «opcionales», la confianza ciudadana se resquebraja.
La Falta de Presupuestos: Una Constitución En Papel Mojado
El caso de la presentación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) es el ejemplo más clamoroso. El artículo 134.3 de la Constitución Española es meridianamente claro. El Gobierno debe presentar el proyecto de ley ante el Congreso. Esto debe hacerse al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior. Esto debe hacerse antes del 1 de octubre.
La omisión se ha convertido en una costumbre. Esto ocurre a pesar de ser un mandato constitucional. También es el mecanismo fundamental de la planificación económica. En la Administración General del Estado, hemos encadenado años sin presupuestos propios. Las cuentas del ejercicio de 2023 están prorrogadas. Esto no es solo un fallo burocrático; es una debilidad democrática. Un país sin presupuestos actualizados opera con un corsé económico. Esto impide la adaptación a nuevas realidades, paraliza inversiones y genera una profunda incertidumbre. El hecho de que este incumplimiento sea ahora un ruido de fondo. Ya no es un clamor de alarma. Esto demuestra cuánto hemos bajado el listón de lo tolerable.
Este fenómeno no es exclusivo del ámbito nacional. También se observa en algunas administraciones autonómicas y locales. En estos casos, la no aprobación de las cuentas a tiempo se justifica con excusas políticas. Esto demuestra que la ley se interpreta a menudo no como un límite. Más bien, se ve como un obstáculo a sortear.
Ley, Interpretación y la Sombra de la Desigualdad
Otro factor que alimenta la resignación social es la aparente volatilidad de la aplicación de la ley. El ciudadano percibe con perplejidad cómo:
- Cambios de Criterio: Leyes que antes eran ferozmente criticadas por inconstitucionales de repente avanzan. Esto ocurre gracias a un cambio de coyuntura política o a nuevas mayorías. Esto deja al ciudadano sintiéndose engañado sobre qué es realmente legal o ilegal.
- Dos Varas de Medir: El trato diferencial, real o percibido, en la aplicación de la norma. La percepción de que «no todos somos iguales ante la ley» se afianza por resoluciones. Estas resoluciones parecen favorecer a la clase política o a grupos de poder. Mientras tanto, el ciudadano común afronta el peso completo de la burocracia y la justicia.
Esta casuística genera un caldo de cultivo para la desconfianza. Si la ley depende de quién la aplique, o de a quién afecte, la ciudadanía se retira. Ellos dejan de participar en la exigencia activa. Asumen que el sistema está amañado. La desafección es el peor enemigo de la democracia.
Despertar de la Resignación: El Camino Hacia la Exigencia Cívica
Hemos llegado a un punto donde no basta con la queja entre amigos. La normalización de lo no-normal es un camino de un solo sentido hacia la debilidad institucional. La sociedad española debe preguntarse si está dispuesta a pagar el precio de esta resignación.
Conclusión
El peligro no es la corrupción o el error político en sí mismos. Es nuestra capacidad para encajarlos sin exigir consecuencias. Si la sociedad acepta que los mandatarios no rindan cuentas, estamos otorgando una peligrosa carta blanca. Tampoco cumplen con sus obligaciones básicas, como presentar presupuestos. Estamos otorgando una peligrosa carta blanca.

La clave para revertir esta tendencia no es la polarización. Es el refuerzo de los valores cívicos y la exigencia de integridad.
- ¿Hasta qué punto nuestra inacción pública es la verdadera causa? ¿Cómo nuestra pasividad ante los incumplimientos básicos influye en que la clase política se sienta impune?
- Si la Constitución marca plazos que se incumplen de forma habitual, ¿debemos conformarnos con la justificación política? ¿O debemos exigir mecanismos institucionales que sancionen eficazmente esta dejadez?
- ¿Cómo podemos transformar la frustración individual expresada en el bar en una fuerza de exigencia cívica organizada y no partidista?
El debate no está en si son «los míos» o «los tuyos» los que incumplen. El verdadero debate es recuperar la firmeza del Estado de Derecho. Además, se trata de mantener la convicción de que las reglas de la democracia son innegociables.

